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Mi recuerdo

El último que te dedico, sera el último vestigio de melancolía en tu nombre. 
¿Me recuerdas? No puedo evitar preguntarme cada noche si eso es posible, si de verdad tus memorias siguen intactas y nuestros momentos juntos se arremolinan en tus sueños recordándote que existo.

Porque , hace ya tanto tiempo que no escucho tu voz, hace más de un mes que no veo tu fotografía en si cesión de Messenger, hace más de tres meses que tu foto en Facebook me hace sentir un hueco en el estomago y un vacio en el pecho y extrañamente mis ojos arden como brazas.

Hace ya más de medio año que no te siento, hace más de medio año que partiste a buscar un “futuro mejor”, y no sabes cuánto te extraño. No sabes lo que me duele ver que aun te acuerdes de otras personas, no sabes lo que me duele enterarme que les llamas y duras horas hablando con ellas, me corroe la envidia, pero callo, porque ellos me dicen cuando estás bien, cuando estas mal.

Pero aun así mi cerebro lógico me pregunta ¿Para que deseas saber eso? Me recrimina ¡No seas tonta, no te recuerda! Y yo deseo que se mentira, que solo sea un juego de mi mente, deseo con el alma que me recuerdes.

Que me recuerdes a mí, a quien siempre estuvo contigo, a quien sostuvo tu brazo al caer, a quien te acompaño en la obscuridad guiando tus pasos, a quien te alentó a encontrar un nuevo amor, a mí a quien le decías hermana.

Deseo que me recuerdes, que a pesar de la distancia y el tiempo sin palabras entre nosotros deseo fervientemente que no me olvides, que recuerdes esos días en las plazas comiendo glucosa hasta destilarla por los poros, caminado entre charcos y avenidas desiertas casi a la media noche, que recuerdes las tardes de películas de guerra, que recuerdes las madrugadas en la WebCam contándonos nuestras penas, que recuerdes todo el circo maroma y teatro que hacía para ayudarte a elegir un buen regalo para tu novia en turno, que recuerdes…Sólo deseo que me recuerdes.

Porque yo a ti, te recuerdo cuando el olor al chocolate llega a mí porque me recuerda que ese es tu aroma y me recuerda nuestro alimento base, te recuerdo cuando veo un traje militar pasa frente a mí porque me recuerda cuando me hablabas de tus campamentos y tus medallas, me recuerda ese día que te vi con tu traje de Marino en la sala, porque te recuerdo cuando hace frío , pues tus manos siempre estaban heladas.

Te recuerdo cuando alguien respira en mi cuello, pues tenias la manía de hacerlo, y te recuerdo cuando alguien pasa su brazo por mis hombros, porque tú eras el único en hacerlo para estrecharme a ti cuando estábamos tristes, felices y eufóricos no importaba siempre estábamos prendidos en un abrazo.

Te recuerdo cuando camino por el centro de la ciudad, no hay esquina que se salve de recordarme a ti, no sé si sepas que desde que te fuiste no como chocolates, no salgo de fiesta , el estudio me fastidia y no encuentro el ánimo para dibujar, te recuerdo cuando escribo, pues mis escritos mucho tiempo solo tú los leíste, solo tú me animaste a mostrarlos al mundo, te recuerdo cuando redacto cada letra , pensando que algún día me volverás a leer y te reirás de mi y dirás que soy la mejor aunque no lo sea.

Extraño , te extraño a ti ya tu risa ronca a ti y a tu voz rasposa te extraño a ti y a tu familia que se convirtió en la mía, te extraño a ti, porque eres mi mejor amigo y eras mi compañía, te extraño en la soledad y en la obscuridad, te extraño en las tardes de lluvia y en las mañana soleadas.

Pero me hace feliz saber que estás haciendo lo que siempre has soñado, o al menos lo estas intentando, me hace feliz saber que estas enamorado…
Pero no puedo dejar de desear con todo el corazón… que me sigas recordando. 


P.D: perdón por la cacófonia y el exceso de repetición de palabras. 
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4 de mayo de 1771

Cuánto me alegra el haber partido, ¡Ay amigo mío!, ¡Lo que es el corazón del hombre! ¡Alejarme de ti, a quien tanto quiero, de quien era inseparable, y sentirme dichoso! Pero sé que lo perdonaras. Parece que el destino me ha puesto en contacto con otros, con el fin de aungustiar mi corazón.

¡Pobre Leonor! Pero, no es culpa mía. ¿Podría yo evitar que naciera una pasión en su desdichado espíritu, mientras me cautivaba con las gracias hechiceras de su hermana? ¿No he alimentado yo mismo esa pasión?¿No me ha divertido amenudo su sencillez e inocencia de su lenguaje, que muchas veces nos hacía reír , aunque nada tenía de risible? ¿No eh..?

¡Oh! ¡Cómo es el hombre, puesto que se permite quejarse de sí mismo! Quiero enmendarme, amigo mío, y te doy mi palabra de hacerlo; te pometo no volver a quejarme de los dolores pasajeros que la suerte nos ofrece sin cesar ; quiero gozar el presente, y que lo pasado sea para mí pasado por completo.

Confieso que tienes razón cuando sices que aquí abajo habría menos amargurs si los hombres no se dedicasen con tanto empeño en recordar los viejos dolores, en vez de 
soportar con firmeza un presente tolerable..



Pagina numero 1 de Werther de Goethe. Y si todos aprendiesen eso, tal vez solo tal vez, las tristezas pasadas y los dolores que aquejan el alma ya no opacarían el futuro, pero lo más importante nos dejaría vivir tranquilos el presente. 
Las viejitas

Psiquiátrico

Publicado originalmente aquí por mi 

Esa cantinela de nuevo, de donde salía no tenía la mas mínima idea pero siempre estaba ahí sofocándola haciéndola sentir impotente, impertinente cancioncilla infantil que retumbaba en las paredes de su cráneo cubierto de cabello espeso del color de la brea.
Hacía cuanto tiempo que estaba en ese lugar de blancas paredes , donde todo olía a cloro y medicina, donde cada día a las siete de la noche pasaba el enfermero en turno en su ronda abriendo su puerta y apuntando hacia ella con esa lámpara de luz amarillenta.
Una vez al mes le dejaban ver el sol, la sacaban al jardín interior y esa vez al mes les veía a todos aquellos que estaban en su pabellón siempre separados por blancas paredes. Una vez al mes el sol tostaba su blanca piel y le hería los ojos marrones acostumbrados a la penumbra. Y ese día ella era feliz, porque al volver a su cama, al ser atada con firmes correas de cuero al hierro frío,  le sentía.

Sentía como ese dolor, ese calor se extendía desde sus muñecas hasta el centro de su ser, como ese dolor no le provocaba sufrimiento, como esa firmesa (¿?) le sentaba como una caricia . Como ese rose de su piel contra el cuero marrón le provocaba escalofríos de placer.

Le sentía revivir en sus entrañas, le sentía al arquear su espalda y moverse tironeando las correas  para le sangraran la piel y llegaran a sedarle con ese liquido que corroía sus venas provocándole una sensación de quemazón bajo la piel que tanto le gustaba, mientras le curaban con alcoholes y agua oxigenada las heridas, le recordaba incesante e insistentemente en su memoria.
Y el dolor, le producía es placer que la hacía dormir como un bebé.
Y todos sabían porque estaba ahí , eran días difíciles, días obscuros , días cuando la perversión era una enfermedad, días en los que el dolor no debía producir placer sino temor. Eran de esos días en los que ella fingía demencia para ser encerrada donde mas placer encontraría.
Días donde dentro de esos lugares de paredes altas y blancas aun se torturaba para curar, sin ponerse a pensar que tal vez ella que se arqueaba de éxtasis al sentir el dolor, no estaba enferma y no se curaría , pues su remedio era su locura.
Su tratamiento plagado de dolor era su propio delirio de pasión