Relatos

No-me-olvides | Relato

Relato pensado para enviarse a la antología “Tiempo de cementerios” de Cristina (@sgaywalker), irónicamente si cumplía las palabras y bases pero sentí que era demasiado mexicano y demasiado mio para enviarlo. ¿algún día enviaré algo a una convocatoria? Ni el diablo lo sabe ( y si lo sabe, que me diga).

Cuando era pequeña, él me escribió un poema. Sin rima ni métrica, de esos que los eruditos rara vez llaman poesía, pero me encantaba. Decía que las mariposas se enredaban en mi cabello y jugaba con mi sombra.

Han pasado más de diez años desde la última vez que escuché su voz diciendo “te quiero”.  Pero está ahí, está aquí. Y lo afirmo y te lo firmo con sangre ¿Que cómo lo sé? Es sencillo, porque cada que pienso en él una mariposa aparece.

A veces ni lo pienso, ¿sabes? Solo aparece ahí: como anoche, que quería gritar. No importa si es lo más crudo del invierno o lo más seco del otoño. En otras ocasiones, como hoy un puñado de ellas con alas de colores revolotean a mi alrededor mientras camino entre el fango.

El concreto de la entrada terminó hace unos metros y mis tenis están hechos una porquería. Pesan con el lodo acumulado y me cuesta dar un paso. ¡Solo a mi se me ocurre venir después de una tormenta! Pero me he levantado temprano: usé de pretexto salir a correr y ya está, estoy aquí.  Sigue leyendo “No-me-olvides | Relato”

Relatos

Un último te quiero | Relato

I was very drunk when i wrote this.
Originalmente pensado para presentarse en la convocatoria de Escritoras Mexicanas 2019, antes de su “problema” de administración, motivo por el cuál decidí no enviarlo. Estúpidamente, este si cumplía todas las bases.  Y mención especial a Ceci Tonks y J.J. Kastle por betearlo en su momento.

 

Quedaría poético decir que todo comenzó un verano, pero a este punto te preguntas: ¿realmente fue así? ¿o fue un invierno? ¿acaso duró más de una vida? Y no obtienes respuesta, la memoria es caprichosa. Tu no puedes escoger qué se quedará grabado a fuego y qué olvidarás, los recuerdos pueden ser como las alas de una mariposa o las pisadas de un gigante.

Las horas entre las paredes blancas y azules eran interminables, los murmullos de voces lejanas pican en la piel casi tanto como el frío que se adentra por las ventanas mal cerradas. Los ventanales apenas cubiertos por persianas mal colocadas daban una ilusión de privacidad que se rompía al escuchar la voz o el ronquido de la mujer de al lado. Estaban separadas sólo por una cortina pesada que en cualquier momento podía ser descorrida .

Pero ese sonido era y es inconfundible. Era una gota, cayendo una y otra vez justo encima de tu cabeza; a veces, por las noches, cuando despiertas entre pesadillas y los vistazos del pasado se te cuelan bajo la piel aún puedes escucharla caer, junto a su voz rasposa hablándote al oído.

Y las lágrimas aparecen, a veces de una en una o como un torrente que no puedes contener. La impotencia del recuerdo se apodera del presente y te inunda de “hubieras”, recordándote lo que pudo ser. Otras veces logras contenerlas, pero se te atoran en la garganta y envenenan tu día a día durante semanas, arrastrándote a recovecos de tu memoria que desearías poder olvidar. Sigue leyendo “Un último te quiero | Relato”