Live Writing, Relatos

Por un Pokémon Relato

Hola, les traigo otro live writing. En esta ocasión lo hice con mi amigue Saul. Que es bien buena onda, tengo otros con él y lo que sale de trabajar juntos son cosas que me han gustado por salirse de mi zona “usual”. Así que ahí va.

Por un Pokémon

Cuando al fin lograste entrar al vagón, parecía un sauna. El calor que despedían los cuerpos junto a su olor nada agradable estaban afectando tu conciencia, no querías ser una de esas chicas que terminaban desmayadas en la línea dos en las mañanas por falta de oxígeno. Rezaste a todos los santos que se te vinieron a la cabeza que te dieran la fortaleza para llegar al final del trayecto sin quedar en vergüenza. 

Te concentraste en tu respiración y lograste soportar más de la mitad, ya para el final pudiste respirar y sentarte un instante a ver fotos de pequeños perritos de tu hastag favorito en Twitter: #SuaveLomito, te encantaba. Era eso uno de tus otros vicios, ver a las mascotas de otros. Tenías más eso era obvio; como lamer las paletas solo quinientas veces, tapar tu cepillo de dientes con papel y no comerte las orillas del pan. 

Al final cuando por fin llegaste a tu destino descubriste que la micro que debías tomar para ahorrarte otra caminata larga entre calles obscuras brillaba por su ausencia, abriste la app de Uber y nada la tarifa estaba por las nubes; habías olvidado que era día de partido del América. Así que con resignación te colocaste bien la mochila, te tragaste lo que pudiste de la ansiedad y empezaste a caminar a casa. 

Mientras avanzabas y cruzabas la avenida te preguntaste si en esa ciudad crecerían las flores junto a las banquetas, no habías visto una desde tu llegada; bueno unas pintadas en el metro pero no estabas segura de que contaran realmente como las plantas que aparte de bellas daban oxígeno. Decidiste que en tu departamento querías tener una, tal vez de la misma especie que las de tu abuela para así no olvidarla con la distancia.

Al día siguiente, con la llamada habitual a mamá estuviste a punto de echarte de cabeza tú sola mientras comentabas que habías llegado un poco tarde a casa. Como lo hubieras hecho seguro tu madre te obliga a volver, aun  no se hace a la idea de que su hija viva tan lejos de sus brazos y acá entre nosotros tiene miedo de no volverte a ver.

Le mentiste como siempre, tienes tendencia a hacerlo para no preocuparla aunque seguramente para final de mes seguramente irás a confesarle todo lo que has hecho y pedirle perdón. Te mirara a los ojos, suspirara y dirá que ya eres una adulta y no puede prohibirte salir, pero aun así cuando le digas que lo harás te preguntara: «¿Estás segura? ¿Y si mejor no vas?». Y el ciclo volverá a comenzar. 

Pero este hoy, no sería de confesiones. Terminaste la llamada viendo la hora que era y saliste corriendo. En la oficina, tu escritorio estaba repleto de documentos y pendientes del día anterior que no llegaste por irte a jugar y ahora estás ahí, toda abrumada sin poder terminar y tus chilaquiles más aguados que las tortillas de los tacos de canasta. Para sí Doña Josefa te vuelve a llevar algo de desayunar para que no te mueras de hambre. 

Esa señora es una amor de persona, te ha adoptado desde que te vio. Debe ser porque te encontró llorando en la calle porque no encontrabas el edificio el primer día que llegaste al trabajo, con tu aguinaldo le compraras un regalo; pequeño que se pueda llevar hasta casa. Dicen los otros que vive muy lejos y que se levanta muy temprano para llegar. 

Otra compañera, muy amable contigo dijo una mañana que Doña Josefa viene de donde viven las bestias, varios le rieron el comentario. Tu no supiste a que se refería, pero por la cara de una compañera parecía que no había sido algo muy gracioso por mucho que los otros estallaran en carcajadas. 

Pero entre una cosa y otra ese día no tomaste tu celular. Estabas tan entretenida en tu trabajo, los chismes, la idea de ir al parque, hacer de cenar y que te había salido ese Pokémon especial en el camino que rechazaste una llamada de tu hermano. Pensando en hablarle después llegando a casa. 

Pero tu no adivinas el futuro. No sabías que esa era la última llamada de tu hermano antes de partir a un lugar donde no lo podrás alcanzar. Por más que llores, grites y patalees como niña de cuatro años; no habrá ninguna llamada más. 

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