Relatos

Olvide tu nombre | Relato

Hacer un relato al mes es relativamente sencillo, rescatar cosas escritas hace más tiempo es lo difícil. Esto que leerán a continuación no es ni de mis mejores, ni de mis peores pero ya tenia un par de meses arrumbado en las notas del celular y dije ¿por qué no?.

Al final del día no todo lo que escribo borracha sale hermoso. Ya me avisan si les gusta o no, bye

«Dame eso», le dijiste tranquila a tu acompañante. «¿Qué?», te preguntó confundido, y era obvio, cariño, ¿él cómo iba a saber qué era «eso»? Pero lo peor estaba por venir, soltaste muy tranquila un «aquello», señalando vagamente a la mesa donde estaba la compra recién hecha.

El pobre hombre con el que habías compartido tantos años de vida te miraba como preguntándose si le estabas jugando una mala broma; tú siempre le decías exactamente qué necesitabas. No te gustaban las cosas vagas en ningún aspecto de tu vida.

Colocó la mano sobre tu hombro para girarte con delicadeza, no quería que cortases tu piel con el cuchillo largo que sostenías. 

«¿Qué cosa quieres?», preguntó despacio. Lo miraste con indignación y señalando con el cuchillo apuntaste a la barra verde con letras garigoleadas. «¡Eso!», dijiste como si él estuviese muy tonto y tú fueses la más lista del condado. 

Él te observó con lo que se te antojó una expresión indescifrable y con cuidado mientras ponía la caja frente a tus ojos, como cuando le preguntas a un niño pequeño si reconoce lo que está por comer en el desayuno, cuestionó. «¿Qué es?, amor, ¿cómo se llama esto?». 

El corazón te dolió mientras notabas que dabas vueltas a palabras sueltas en la memoria y recuerdos del sabor de lo que sostenía su mano, alzaste la tuya y fuiste encajando los dedos sobre la mantequilla, pero claro, tú no sabías que ese es el nombre que buscabas pronunciar. No lo recuerdas. 

Y las lágrimas empezaron a recorrerte el rostro mientras tu respiración se entrecortaba. El hombre que te acompañó más de un cuarto de vida envolvió tu cuerpo menudo en un abrazo y lloró contigo, porque estaba pasando de nuevo, una palabra más caída en el olvido. 

La séptima del día; la primera fue su nombre. Pero el destino es inevitable, pronto ya no recordarás ni el tuyo.

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