Relatos

No-me-olvides | Relato

Relato pensado para enviarse a la antología “Tiempo de cementerios” de Cristina (@sgaywalker), irónicamente si cumplía las palabras y bases pero sentí que era demasiado mexicano y demasiado mio para enviarlo. ¿algún día enviaré algo a una convocatoria? Ni el diablo lo sabe ( y si lo sabe, que me diga).

Cuando era pequeña, él me escribió un poema. Sin rima ni métrica, de esos que los eruditos rara vez llaman poesía, pero me encantaba. Decía que las mariposas se enredaban en mi cabello y jugaba con mi sombra.

Han pasado más de diez años desde la última vez que escuché su voz diciendo “te quiero”.  Pero está ahí, está aquí. Y lo afirmo y te lo firmo con sangre ¿Que cómo lo sé? Es sencillo, porque cada que pienso en él una mariposa aparece.

A veces ni lo pienso, ¿sabes? Solo aparece ahí: como anoche, que quería gritar. No importa si es lo más crudo del invierno o lo más seco del otoño. En otras ocasiones, como hoy un puñado de ellas con alas de colores revolotean a mi alrededor mientras camino entre el fango.

El concreto de la entrada terminó hace unos metros y mis tenis están hechos una porquería. Pesan con el lodo acumulado y me cuesta dar un paso. ¡Solo a mi se me ocurre venir después de una tormenta! Pero me he levantado temprano: usé de pretexto salir a correr y ya está, estoy aquí. 

Quisiera traer alguna flor entre mis manos; podría robarme una de los arbustos de la entrada o de las tumbas llenas de “no-me-olvides”, pero seguro me regaña. Así que llego ante la lápida con las manos vacías y hago una mueca, su tumba tiene un typo y es blanca. El color que menos le gustaba.

¿Por qué la gente no es capaz de respetar los deseos de los muertos? Me cagan. Me siento sobre la piedra mojada augurándome un trasero entumido cuando me levante. Y espero.

¿Que qué hago aquí entumiéndome las nalgas? No sé, pero yo sigo aquí. Tal vez quiero que aparezca y me cuente sobre algún héroe olvidado de la revolución; si tengo suerte aparecerá con todo y el desayuno. Un quesito fresco para compartir mientras platicamos de criaturas que no existen, una servilleta nueva y la pluma en el bolsillo de la camisa.

Pero mejor no, que no tengo ganas de que me ponga problemas de lógica o acertijos en la servilleta, mi cabeza no da para tanto esta mañana. Mejor que llegue con gorditas y me diga que no hay de queso nomas de papas.

Pero me hago tonta porque ya sé yo que no va a aparecer. Ni hoy, ni mañana, ni pasado que no es Día de Muertos y no está una coquita esperándolo, mucho menos un licuado.

Igual me relaja estar aquí sentada robandole a mi rutina un par de instantes mientras le recuerdo. Y a este punto ya no sé si el nudo en mi garganta es por él, por mí o por los dos.

Pero mientras me decido a irme caigo en cuenta de algo que había olvidado; con él fui una esponja, le absorbí el gusto por las historias de la India, el escribir calaveritas a la gente y los datos curiosos que no sirven de nada más que para parecer interesante.

Y me rio.

Me rio mientras me despido con un te quiero murmurado seguido de un bajito “adiós, abue” que resuena en el panteón y seguro le saca un susto al velador, que ni cuenta se dió que me colé, pero lo escucho soltar una pala que trae cargando.

Me voy y le dejo ahí, aunque probablemente no quede mucho de él porque me lo llevo conmigo una vez más, porque los muertos sí que vuelven y se quedan a vivir en los recuerdos.

Mis pies pesan, pero me siento más ligera. Y una mariposa me acompaña en mi camino de vuelta a casa de la abuela.

1 comentario en “No-me-olvides | Relato”

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