Relatos

Con la luna llena | Relato

Título: Con la luna llena
Convocatoria: Amor al otro lado del charco
Editorial: Amanecer 
Mínimo de palabras: 2000
Cuántas escribí: 1009
P.D. : este ni me gusta, el original sólo era la última escena

“Los botes vuelven vacíos, sólo hay algas pa’ comer.
Y el niño sale a buscar a la reina de los mares.
Que bailando los cantares hace a los peces volver.
Volveré con la luna llena, no me busques que aquí estoy. ”
La pincoya y el pincoy, Magdalena Fleitas

Te desperto el sonido de tu propio cuerpo clamando por alimento, pero te mantuvieron despierto los suaves acordes de una melodía embriagante proveniente del mar.

Por unos instantes en tu mente infantil pensaste que podía ser un mayor quien tocase ese ritmo cadencioso, abriste los ojos para encontrar una bóveda celeste despejada plagada de estrellas y la luna redonda en lo alto,  te incorporaste lentamente sobre tus brazos flacos y observaste hacia el mar por encima de la embarcación de tu familia.

Y ella estaba ahí, con los cabellos dorados cayéndole por la espalda, bailando desnuda al ritmo marcado por su hermano oculto entre las aguas saladas. A tu edad ya sabias quien era, Pincoya, la princesa de los mares. Nadie más había despertado, tu eras el elegido para ver su danza y traer felicidad o desgracia a tu pueblo.

Levantándote lentamente observaste sus movimientos, parecían guiados por la brisa. Un grito de júbilo escapo de tu garganta interrumpiendo el sonido de los acordes y la danza, ella bailaba hacia el este, hacia el mar. Lentamente volvió su rostro a tierra y sonrío al verte erguido con las manos en alto y energía renovada.

Sin borrar la sonrisa se giró lentamente a encararte y alargó uno de sus brazos blancos en tu dirección, como haciendo una invitación. Tal vez si hubiese sido otra situación, si no fuese ella la noble princesa que llama a los peces y alimenta a los hombres, habrías salido corriendo impregnando el aire con gritos y horror.

Caminaste entre la arena hacia ella, pisando los restos de conchas arrastradas por el mar, en un impulso tomaste una tan blanca que bajo la luz de la luna parecía brillar. Se la ofreciste inseguro al llegar a la altura de su mano alzada, ella la miró y sonrió. Era una sonrisa noble que te colmó el corazón.

Un sonido escéptico, brotó del mar, como burlándose de ella y de ti. La música se reanudo y con ella su danza, a tu lado.  Se fue antes del amanecer, dejando atrás, en la palma de tu mano un largo cabello dorado. Cuando los demás despertaron uno a uno, te encontraron sonriendo mirando el mar, con los destellos del oro entre tus dedos.

***

La segunda vez que la viste ya no eras un niño soñando, entre la bruma de otros mundos imaginarios habías caminado dormido hasta el linde del acantilado desde donde se puede observar a la playa baja. Pero los acordes de una melodía conocida te hicieron abrir los ojos, la comida se revolvía en tu estómago ¡estabas harto de las papas!, somnoliento te levantaste pensando que un trago de agua fresca te caería bien.

Bebiendo el agua del arroyo con la música de fondo de golpe reaccionaste ¡no era ninguna fiesta! Hacía tiempo que pocos pescadores quedaban en la zona, muchos habían muerto y otros tantos había decidido irse a las ciudades de los hombres de piel clara que llegaron cargados de engaños y muerte.

Aun acuclillado miraste hacia la playa y lo pensaste un minuto entero, ya no eras un niño ingenuo y tal vez lo más prudente era meterte a la carpa precaria, podrían ser esos hombres que llegaban a las tierras de tu pueblo obligándoles a adorar a un falso dios, pensaste regresar a la tienda que habías montado y tomar las armas. Pero la música pudo más, bajaste a la playa. Ella estaba ahí.

Te vio como la primera vez de reojo y a tropezones te acercaste, tus ojos no lo podían creer. Era ella, Pincoya la que había desaparecido en las profundidades cuando los salvajes desconocidos habían llegado desde un lejano mar robando más de lo que ella permitía al hombre tomar de sus mares. Condenados a la hambruna.

Te sonrio como cuando eras un niño, recordándote, ella sabía que tú después de años de ausencia la recordabas, que con su cabello de oro trenzaste una cuerda para la barca de tu padre, esperando les diese suerte. La había visto en alta mar, donde yacen sus restos y los de tu padre al que la tormenta atrapó.

Pero había algo diferente, no danzaba. Estaba parada viendo la costa con los cabellos flotando suavemente con la brisa, hasta que llegaste a su lado y con una sonrisa triste levantó los brazos hacia ti, una descarga te recorrió con el contacto de su piel fresca y lloraste el destino de los tuyos en sus brazos. La música se extinguió, era Pincoy alejándose esa había sido su última canción.

Esa noche no hubo danza, existieron silencios y la compañía de dos seres distintos diciendo adiós a lo que fueron y no regresaría  jamás. Antes del amanecer susurro contra tu oído que volvería con la luna llena.

Y lo deseaste tanto que el anhelo de volverla a ver dolió .

***

La llovizna mojaba tus hombros, la espera se alargaba y la luna se desvanecía con la luz del amanecer. Con la tela pegada a la piel, arena obscura bajo los pies y ojos fijos en el horizonte comenzaste a llorar.

El nudo en la garganta se te antojo inmenso, la traición impregnada de tristeza embriago tus sentidos; las lágrimas comenzaron a caer dejando surcos en tus mejillas doradas, dejaste escapar un gemido ahogado entre tus labios resecos. Y diste media vuelta sin mirar atrás.

Ella no volvió con la luna llena. No iba a volver.

Mientras arrastras los pies entre la arena negra recuerdas la primera vez que la viste, era una noche clara,  el hambre te quemaba las entrañas y soñabas con tomar la barca de tu padre, adentrarte en el mar y volver con las redes cargadas de pequeños cangrejos, pescados jugosos y mariscos frescos para saciar el monstruo que todos llevaban por dentro.

Tal vez, si no hubieses estado tan dolido y huido tierra adentro para nunca volver al mar, sabrías que un grupo de hombres blancos había encontrado a una mujer hermosa de cabellos dorados vestida de sargazo en su red en alta mar, que ella sí deseaba llegar. Que ellos les arrebataron la oportunidad.

TanitBenNajash

3 comentarios en “Con la luna llena | Relato”

  1. ¡Hola!

    Boeno, yo no sé por qué esperaba que esto terminara de otra forma. O sea, eres tú. Aquí se van a la mierda los happy endings. 🤷🏽‍♀️ Sinceramente yo creía que la Pincoya se iba a comer al carajito en la primera escena, menos mal que los caminos de la vida no son como yo pensaba. 😅

    La historia que se entreteje entre ellos dos se me hace muy bonita y el ambiente en la que lo hace es muy triste. ¿Sabes? Da impotencia leer el hambre del chamo y su familia, da rabia leer cómo poco a poco les arrebatan todo los blancos. Es… no lo sé, es triste y ya.

    ¡IGUAL NO SUPERO QUE NO ME HAYAS DADO UN HAPPY ENDING, TANIT COROMOTO!

    Besitos,
    Carly.

  2. Wow. Me gustó mucho tu relato, Tanit. El ambiente que construiste y la relación entre los personajes se me hizo muy profunda para tan poquitos párrafos.
    Y el final. Wow. De verdad pude sentir la tristeza de los dos.

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