Divagaciones

¿Y qué te gustó de mi?

Preguntaste un día mientras esperábamos te dije que no sabía, que simplemente me habías llamado la atención. ¿Qué me gusto? No tenía ni puta idea. 

Ahora meses después quisiera responder tu pregunta con algo simple pero no puedo, tal vez no te conforme la respuesta; pero fuiste un vendaval que se llevó lejos el dolor de recuerdos que me negaba a soltar.  

Fuiste un instante de alivio, la chispa que me hizo reír y disfrutar de los instantes después de meses en un espiral de autosabotaje . Y entre una cosa y otra después de días -semanas- pensando empecé a descubrir con la lengua entre los dientes que me gustó de ti. Sigue leyendo “¿Y qué te gustó de mi?”

Relatos

Aceptación

A veces , sin querer me encuentro pensando en ti. Recordándote en los silencios y las risas, un instante, un minuto u horas enteras. Tu recuerdo ya no me desgarra, llega cálido con un sabor a nostalgia y anhelo. Si cierro los ojos puedo escucharte, tu voz grave diciéndome al oído alguna estupidez en francés y sonrío. 

Ya sé sonreírte de nuevo, a veces en las noches frías puedo reencontrarme con las sensaciones que guarda mi memoria y recrear en mi mente la calidez de tus abrazos. Hoy sé, que a pesar del tiempo y los caminos te sigo queriendo. Que a pesar de habernos hecho tanto daño no te he sacado de mi, que no quiero hacerlo.

Nuestro pasado podrá venir una y otra vez, pero yo ya he hecho las pases con él, contigo. Y conmigo también. Me rio de mi al imaginarme frente a ti una vez más, porque sé que en cuanto esté ahí a unos pasos de tu figura alta y desaliñada querré correr a ti. 

Sin pena, sin ganas de volverme a marchar . Querré ocupar mi lugar bajo tu cuello y entre tus brazos . Y te voy a ver a los ojos para intentar leer tu mente , mientras me pregunto si tú también quieres volverlo a intentar, si estás tan seguro como yo de qué podemos hacerlo funcionar . 

Y en el último instante sabré que no, que la fantasía ha muerto pero aún así puedo abrazarte y seguir el camino, dejando el quizás escurrir entre los dedos con una sonrisa sincera y un te quiero aferrado al corazón. 

Relatos

Lo que no volverá

Si cierro los ojos puedo sentirte a mi espalda, con el brazo cruzado sobre mi dándome calor en las noches frías y sofocándome en las de verano . Si me concentro puedo olerte, fresco y sutil; puedo recordarme y sentirme acurrucada en tu pecho, con la cabeza enterrada en tu cuello. El lugar donde aprendí a reír y llorar contra tu piel .

Confié tanto en ti que te mostré los miedos que me asaltan en la primavera y te abrí los recuerdos de invierno. Te convertí en mi puerto seguro, en lo que más quiero. Pero, también vuelve a mi en un descuido ese aire que me golpea las mejillas y me recuerda que no eres perfecto. Que en ti existen cosas que no van a cambiar que tu pasado es fuerte y pudo más que yo . 

Y lloro contra la almohada mientras me retumban por dentro tus opiniones tan contrarias a la mías, mientras me ahogo en la mezcla de recuerdos que eres para mi . Me regodeo en la miseria de no tenerte y saber que fue culpa mía por no saber ser. 

Pero una ligera parte de mi me grita que sea fuerte, repite una y otra vez que no somos el uno para él otro; que somos tan diferentes . Que el esfuerzo no fue suficiente y que nunca lo será. 

Porque no importa si nos dejamos la piel y se nos secan las lágrimas, ninguno va a cambiar . Hare (mos) rabietas , gritare (mos) al viento cada uno a su manera y al final del día solo quedarán recuerdos. Y el eco de nuestros susurros retumbará en nuestros oídos mientras seguimos avanzando y nos dejamos atrás un trocito de alma que no volverá. 

Relatos

Puedo no volver

Cada que estás a punto de hacer algo estúpido dicen los libros y la gente que la voz de tu madre va a sonar en tu cabeza diciéndote que no lo hagas. Pero no, no en este caso. Aquí entre mis neuronas solo aparece la tuya y la imagen de tu rostro flota frente a mi.

Aparece cada que olvidó comer y después me atraganto, cada que cruzó la calle sin mirar a los lados y por supuesto cuando tengo más de tres vasos de cerveza frente a mí, es especialmente ahí cuando el alcohol se me empieza a acumular que tu voz diciendo mi nombre con firmeza hace que pare, que beba menos. Que recuerde que debo llegar a casa, que el mundo es peligroso. 

Solíamos bromear con morir, con no llegar, con no despertar en una espiral absurda de un humor con muy mal gusto. No caí en cuenta que tanto había cambiado nuestra vida hasta que una mañana preguntaste si había llegado bien, al decirte que lamentablemente si continuaste la broma pero después de las risas y un segundo de silencio serio decidiste añadir que no debo jugar con eso, que debo llegar. 

Y noté bajo las capas de neutralidad de tu voz, la preocupación que cargaban tus palabras. Porque si, el mundo es peligroso, pero para mi es doblemente peor. Puedo salir a divertirme y desaparecer. Puede que algún día me encuentren o qué jamás lo hagan, tal vez no desaparezca pero eso no garantiza que no pierda un trozo de mi alma en el camino. 

Y yo no tendría la culpa, yo no decidí nacer mujer.